EL SUEÑO Y LA VIGILIA

EL SUEÑO Y LA VIGILIA

Año: 2000

Lugar: BUENOS AIRES
TEATRO ANDAMIO 90

Género: DRAMA

Elenco: Juan Carlos Gené y Verónica Oddó

Autor: Juan Carlos Gené
Escenografía: Carlos Di Pasquo
Vestuario: Nené Murúa
Música: Luis María Serra
Puesta en escena y Dirección: JUAN CARLOS GENE y VERÓNICA ODDO
Diseño Gráfico y Producción por Teatro Andamio ’90: JUAN CARLOS CANTAFIO

Sinopsis:
Esta pieza de Gené, con la que rompe un largo silencio como dramaturgo, retoma y ahonda cuestiones ya planteadas, hace más de una década, en sus dos últimos estrenos porteños –Ulf y Memorial del cordero asesinado–. En el primero, el autor indagaba la conflictiva relación entre ficción y realidad y las posibilidades de evasión que ofrece la vida alternativa generada por la ficción, en general, y el teatro, en particular. El segundo desplegaba una vigorosa defensa de la fe en la poesía concebida y pronunciada con amor.
Ahora, en un nuevo acercamiento a estos temas, se suman el sueño y la vigilia como correlatos de muerte y vida pero también, paradójicamente, de fantasía y realidad. La entrañable y anciana pareja de actores, que en Ulf se aferraba a la vida mediante su espectáculo eternamente en proyecto, deja paso a otro par de viejas figuras del escenario, inicialmente enfrentadas en su actitud vital pero unidas por una secreta admiración y por su amor a la obra de Shakespeare. Ella, una diva del teatro ligero, en su ansia de inmortalidad se remonta al pasado y asume identidades múltiples; él, un célebre actor del repertorio clásico, espera resignadamente la muerte. Por la índole del texto, que privilegia la acción interior por sobre la exterior, el diálogo adquiere una relevancia central en el gradual acercamiento, que termina en identificación amorosa, de dos seres solitarios. Aunque podría objetársele alguna reiteración innecesaria en las réplicas del personaje femenino, hay un manejo ágil y preciso del lenguaje –como es característica en la escritura de Gené– con toques de humor que buscan aligerar la que, en definitiva, es cuestión central y última de la pieza: la inminencia de la muerte y el deseo de perduración. En tal sentido, la respuesta final la proporcionan el amor y la palabra poética: la voz de los personajes ficcionales que el actor recrea amorosamente, la que transmuta y eterniza a la vez la realidad nombrada y a quien la nombra. José María Saavedra descubre junto a la mujer amada que aún le falta asumir un último rol –el del anciano Rey Lear–, y que en él vivirá y perdurará, como creía Unamuno de sus criaturas de ficción.